Tres Claves para el Desarrollo: Cooperación, Diversidad y Complejidad



¿Cuales son las claves para el desarrollo?
La investigación y la innovación, sin dejar de ser importantes para el desarrollo económico, lo son mucho menos que diseñar incentivos adecuados y facilitar la cooperación social. Si las estrategias de desarrollo se centran casi exclusivamente en la competencia, ya sea mediante innovación o concentración de poder económico, no tardará en manifestarse la desconfianza y una competencia despiadada, muy alejada de cualquier concepción saludable de la misma, opuesta a la generosidad y el espíritu -innato- de cooperación social (sí, aunque a menudo no lo parezca).
Ambas opciones (la competencia frente a la cooperación) son caras opuestas de la diversa y paradójica naturaleza humana; que prevalezca un paradigma u otro depende de las ideas manifestadas a través de las leyes, cultura, educación, religión, etc. y del grado de aceptación social de las mismas (procesos que se retroalimentan produciendo una reacción retardada).

Durante un tiempo la ideología de la competencia, “justificada” por un forzado darwinismo “mal entendido”, se ha impuesto a la ideología de la ayuda mutua y la solidaridad. Sin embargo, a medida que las crisis y conflictos se suceden, empieza a quedar en evidencia la fragilidad de esta ideología, como también había quedado en evidencia antes que el socialismo es una mala utopía (no imposible, sino disfuncional) pues no tiene apenas en consideración la diversidad humana y su necesidad de libertad.


Poco a poco se empieza a ver claro que la seguridad  y el desarrollo dependerán de que se logre una confianza mutua lo bastante amplia. Es decir, solo la paz duradera y sólida, entre naciones, regiones y personas, podrían traernos un desarrollo sostenido, y es evidente que tal cosa no puede ser impuesta a la fuerza. No es suficiente con la ausencia de conflictos si ésta se produce frágilmente y mediante técnicas de coerción dañinas.

Todo esta “teoría” puede sonar a elucubración insustancial; sin embargo está fundamentada en pensamiento matemático muy especifico, ciencia que explica el funcionamiento de la sociedad de un modo más preciso que la filosofía o las ciencias sociales, más subjetivas e imprecisas.
Deberíamos empezar preguntándonos si la economía (o los ecosistemas o cualquier sistema cerrado) son un juego de suma cero. Es decir; las ganancias ¿han de lograrse necesariamente a costa de la perdida de otros? ¿Es ésa la mejor estrategia posible? Es más, ¿no es acaso poco productivo competir todos a la vez por los mismos recursos?

Ante una situación de escasez absoluta, en la que no hay apenas recursos mínimos para la supervivencia, podría pensarse que la de la “competencia despiadada” es una aceptable estrategia de supervivencia, aunque también puede demostrarse que en este caso podría convenir una cooperación mínima, incluso aunque fuera muy interesada y puntual, para ahorrar gastar las escasas energías en eliminar la competencia (incluso dejando al margen valoraciones morales). En realidad son muy pocos los casos en que se puede imaginar “razonable” la competencia absoluta, y el mercado de los economistas evidentemente no es uno de ellos, pues normalmente no estamos tratando de obtener supervivencia sino mucho más: desarrollo, es decir, cierta riqueza y bienestar medible objetivamente.


Por tanto, me atrevería a afirmar que la Teoría de Juegos, postulada entre otros por el matemático John Forbes Nash, desplazó con su mayor rigor y profundidad a la superficial teoría individualista (o del interés propio como incentivo que nos lleva a un equilibrio óptimo), que hizo famosa la “mano invisible” de Adam Smith. Según la Teoría de Juegos, el interés individual y el egoísmo no conducen a ese supuesto equilibrio óptimo, porque no consideran las pérdidas de otros ni los daños colaterales o externalidades que afectan a todos en mayor o menor medida, todo lo cual tarde o temprano se vuelve también contra los “ganadores” (más bien temprano que tarde).

La Cooperación está en nuestro ADN


Ya que se ha mencionado el darwinismo o selección natural “competitiva” (en la que el ganador se lo lleva todo, lo cual como estímulo puede funcionar, pero como formula de reparto deja mucho que desear), parece necesario recordar que ésta no es la norma de la naturaleza, en la que predominan los organismos que colaboran, tanto dentro de la misma manada, especie, o incluso entre especies distintas.
En la naturaleza hay variedad de diseños sociales, incluso en nuestros “parientes” primates vemos muestras de machos alfa que controlan la manada (y las hembras) entre el autoritarismo (la fuerza) o el populismo, aunque también observamos la interesante “alternativa” de los bonobos, de los que podría decirse que son comunales, pacifistas y libertarios. Disfrutan de las ventajas de una organización sin líderes (anarquía) ni machos dominantes, a la vez que practican el sexo (ya sea coito o masturbación) de forma bastante lúdica y frecuente, dado que las hembras preferidas no son acaparadas por violentos machos alfa sino que éstas eligen el macho que más les agrade. A simple vista (y no sólo por el factor dual competitividad-coperación) ya parecería fácil dilucidar sobre la idoneidad de uno u otro sistema de organización social.


Diversidad

Para empezar, el socialismo no parece una buena idea de organización social, porque la planificación centralizada no es una buena estrategia, y no solo porque se oponga a la libertad, sino también (¿ o sobre todo?) porque se opone a la diversidad, que es una de las claves del desarrollo. La diversidad (de sectores, talentos, productos, servicios, etc.) daría sus mejores frutos mediante la cooperación libremente elegida de los individuos y grupos, estimulados por incentivos de diverso tipo (no solo el beneficio económico). Como ejemplo de medidas más concretas; un caldo de cultivo legislativo y fiscal propiciatorio debe borrar los privilegios abusivos y no fomentar los monopolios.

El economista Ricardo Hausmann explica en este video el papel de la diversidad en el desarrollo de los países:

Desigualdad
La pobreza quizá no sea otra cosa que desigualdad extrema permitida, lo cual sería un síntoma de desconfianza social nacida de la peligrosa idea de no pueda haber suficiente para todos (escasez percibida o creada artificialmente). La acaparación de riqueza a costa de privar a otros de lo más básico (en otros países y también en el mismo país, o incluso la misma ciudad) no genera bienestar duradero y éste será menor que el que se obtendría en condiciones de desarrollo más equitativo, pues provoca, entre otros inconvenientes, que mucho talento sea desperdiciado (que podría redundar en beneficio general), costos sociales en seguridad (más policía, defensa, justicia y cárceles), así como una continua necesidad de protección (legal, física, material) contra las miradas ávidas de hacerse con lo que se ha acumulado en exceso (de individuos, instituciones, estafadores y “vendedores”, etc,); así como de una vida de desconfianza ante todo aquel que manifieste “interés”.


El desarrollo cooperativo requiere de más creatividad que recursos financieros, pues los recursos ya están disponibles, en gran medida, en forma de “capital humano” (conocimientos, habilidades, tiempo, energía...), además de materiales y herramientas, pero han de ser puestos a trabajar en un contexto más propicio, aplicando algunas buenas estrategias (ideas).
 Esa creatividad permitirá averiguar Qué hay que hacer y Cómo hay que hacerlo.
Sin excluir otras muchas posibles medidas, para empezar a generar desarrollo y riqueza de un modo general, se puede empezar a facilitar la creación de empleo, facilitando la contratación y la creación de empresas de nuevas tipologías, así como la aplicación de innovación (tecnológica y estratégica), o creando empleo también (los gobiernos) de forma estratégica, en labores relacionadas con seguridad, educación, salud,  mantenimiento y limpieza de infraestructuras, etc., además de reducir las jornadas a un máximo de 6 horas.

Fomentar la diversificación de los sectores productivos y los bienes y servicios, lo cual quizá podría impulsarse en parte conectando las universidades e instituciones en proyectos trans-disciplinares, creando nuevas áreas de investigación y de negocios que impulsen nuevos sectores industriales. Evitando la sobre-protección de ciertos sectores, facilitando la verdadera competencia, evitando los oligopolios, no abusando de aranceles, facilitando la innovación empresarial, desregulando lo que esté excesivamente regulado, etc. Todas estas serían posibles medidas que deberían aplicarse de un modo especifico y no siempre serán aplicables en todos los contextos.

Otros factores de desarrollo se refieren a la seguridad: es evidente que en algunas regiones-píses es imperativo reducir la criminalidad ciudadana, y en otros la inseguridad económica o la inflación, o bien determinar un marco fiscal y normativo mucho más estable, etc.

Superar las limitaciones derivadas de la coyuntura histórica y/o geográfica,
Atajar los nacionalismos exacerbados y las visiones distorsionadas de la historia reciente; Poner fin a las desventajas derivadas del pasado colonial (si es el caso), fomentando cooperación con países y regiones cercanas, por ejemplo, podría ser una excelente estrategia.
Sobreponerse creativamente a las limitaciones geográficas, ya sean una desfavorable disponibilidad de agua u otros recursos, deficientes o anticuadas comunicaciones, puertos, etc. Hacerlo con pocos recursos, o de un modo lo más eficiente posible, requerirá de muchas buenas ideas, distintas en cada caso. Algo que puede diseñarse eficazmente mediante una forma de pensar suficientemente compleja.

Pensamiento Complejo

Si bien las cosas simples y pequeñas pueden a menudo ser buenas en el mundo material, la simplicidad y lo pequeño (y modesto) no es tan recomendable en cuanto al pensamiento. Afortunadamente, el mundo de las ideas no consume -a priori- demasiados recursos (salvo la energía que alimenta la materia gris), por lo que pensar en grande y de forma compleja resulta mucho más prometedor y en contrapartida no sale nada caro. Si bien el pensamiento reduccionista y simplificador facilita que la realidad sea más fácilmente “manejable” intelectualmente, no ofrece una imagen apenas pixelada de la realidad, ni identifica las conexiones entre sus elementos, pues la realidad es compleja, paradójica, aparentemente contradictoria, difusa, generadora de incertidumbre. .;  por lo que estudiar los mecanismos y resortes de ésta implica una buena cantidad de energía mental, atreverse a “conectar los puntos”, aplicar intuición, ser paciente (dedicarle tiempo) … y después de todo no se puede garantizar un resultado concreto. Sin embargo, nada realmente valioso se ha logrado nunca sin asumir riesgos, y mucho menos en el plano de las ideas. Atrevámonos a pensar en grande.

Otros Links:

http://www.elmundo.es/ciencia/2014/02/15/52fe55cdca4741d1028b4581.html
https://compolitica.com/selva-y-poder-lecciones-de-ciencia-politica-en-el-reino-animal/
http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0101-31572013000300010
https://www.wikiwand.com/es/Teor%C3%ADa_de_juegos


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